¡Qué barbaridad ser padre de 5!

Por Riqui Muñoz, asociado de FANOC

Para empezar. ¿Quién soy yo? Para ir al grano. Nadie. Soy esposo y padre de familia numerosa. Eso sí.

¿Qué quiero decir? No hay una fórmula secreta para hacer las cosas. Ya os digo que cuando nace tu primer hijo, con todos los papeles que te van dando y que tu vas haciendo, no hay en ningún momento que te den un libro de “Cómo ser papá”. Yo te puedo contar cómo hago las cosas. Lo haré de forma encantada. Igual puedes tomar mi experiencia como un primer paso. Como punto de orientación. Ni más ni menos. No me sigas paso a paso porque es poco probable que mi camino también sea el tuyo.

Me presento, soy Riqui Muñoz, (@papaymas) papá de siete hijos. Digo siete hijos porque cinco hijos los tengo en casa y dos más los tengo en el Cielo, que los tengo conmigo y nos cuidan desde allí Arriba.

Abundantes sustos, abundantes besos, abundantes compras, abundantes lavadoras, abundantes peleas y abundantes perdooona. Así son las familias numerosas, hogares en los que no faltan «numerosos de todo» y mucho ruido que me encanta.

Estoy casado con Inés, esposa y madre de mis hijos. Desde un inicio, desde el noviazgo, ya teníamos claro que queríamos formar una familia y eso que solamente llevábamos 3 meses de novios… Ahora nuestra mayor ya tiene nueve años y la pequeña tiene un mes de vida. Bendita locura la nuestra.

El mayor acto de generosidad que Inés y yo queremos realizar es regalarle al mundo y a Dios a siete personas, con sus virtudes, defectos, enfados, sonrisas… pero que valoran la vida familiar y valoren la vida tal como es y quieran mucho a los de su alrededor.

Buscando en la Real Academia de la lengua española nos dice que el adjetivo “numeroso/a” se le aplica a un gran número de personas o cosas. Hay que decir que ser una familia numerosa en el siglo XXI no está muy bien visto, y no es que lo haya oído, sino que lo he vivido. Un ejemplo personal: yendo solo con cuatro o los cinco hijos en el tren y la gente mirándome con cara de “¿serán todos suyos?”, ¡Qué bicho más raro!”, “¿Estará haciendo un curso de verano con niños, pobre! Hasta que al final un día “exploté” y dije “Sí, son todos míos y orgulloso de todos ellos, Gracias”. ¡Qué bien me quedé! En este último caso las miradas ya eran muy exageradas. Somos un grupo de familias que para muchos somos una extrañeza, unos bichos raros.

Y digo extrañeza porque siendo papá de cinco y nacido en un país en el cual la familia grande hasta hace muy poco era lo normal, no puedo dejar de extrañarme que la campaña antifamilia y el eslogan que “una pequeña vive mejor” haya calado tanto en tan poco tiempo.

¿Sabéis qué es lo que más me gusta y me enorgullece? Mencionar la cantidad de hijos que tengo. Cuando lo digo me siento feliz. Porque mi “carrera” de padre es más importante que la carrera de comunicación, magisterio o los demás diplomas que pueda obtener, porque estos diplomas acabarán en una caja guardados y llenándose de polvo.

El Santo Padre Francisco, en un encuentro en Italia con familias numerosas comenzó sus palabras bromeando: “Una curiosidad. Díganme: ¿A qué hora se han despertado hoy? ¿A las seis? ¿A las cinco? ¿Y no tienen sueño?” Me encantó este inicio de encuentro, porque es verdad, es una cosa natural que tu cuerpo se adapta a los nuevos horarios… pero todo es una bendición.

En el mismo encuentro el Santo Padre a los niños presentes, les dijo: “Sois únicos, pero no solos. El hecho de tener hermanos os hace bien: los hijos de una familia numerosa son más capaces de comunión fraterna desde la primera fase de la infancia” y añadió que “en un mundo marcado frecuentemente por el egoísmo, la familia numerosa es una escuela de solidaridad y de convivencia; y estas actitudes luego son un beneficio para toda la sociedad.”

Con estas palabras me viene a la mente que es un gran regalo que les podamos dar hermanos a nuestros hijos (siempre que se pueda).

Los hermanos son el mejor regalo que nos hacen nuestros padres. Un hermano o hermana es el mejor regalo que como padres le podemos dar a nuestros hijos ya que son las personas que más le enseñarán durante su vida, con esto no quiero decir que un hijo único tenga una vida incompleta, todas las personas tengan o no hermanos son igualmente capaces de tener vidas familiares felices.

Te enseñan a compartir: Empezando por los padres, los hermanos comparten muchas cosas entre sí, los juguetes, la comida y hasta la ropa; aprendes muy rápido que no existe el mío y que los turnos son importantes y funcionan siempre y cuando sepas cómo ganar el primero.

Sinceramente, me toca ir acabando pero no voy acabar sin daros un humilde consejo; los miembros que tienen la responsabilidad de mantener la familia unida son tanto el padre como la madre. El amor entre ellos, las demostraciones de cariño frente a sus hijos, el respeto, no discutir y mucho menos gritar, la disciplina con cariño y en común acuerdo para la educación de sus hijos así como la tolerancia, la comprensión, y el amor por sus hijos en los hechos, son las claves para mantener una familia unida.

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