El punto de vista de una joven estudiante: ¿Cómo vivimos los jóvenes realmente la conciliación estudiantil y laboral?

Por Cristina Vega Marín

Hoy en día los estudiantes estamos acostumbrados a escuchar que tenemos mucha suerte de vivir en un presente donde hay tanta comprensión hacia la conciliación laboral y de los estudios, pero, ¿Realmente esto es así?

Realmente los estudiantes creemos que tenemos tanta suerte? Desde mi punto de vista, no todo es tan fácil… La realidad es que llega un momento en el cual, aparte de estudiar, nos vemos con la necesidad de trabajar, ya sea para colaborar con los gastos económicos de casa, para poder disfrutar de ciertos lujos y actividades como por ejemplo salir con los amigos, mantener un coche… o bien y la más relevante para poder pagar nuestros estudios. Sea como fuere, la conclusión es que la gran mayoría de nosotros necesitamos trabajar. Y, ¿Cómo se ve reflejado este hecho en nuestro día a día como estudiantes?

Pues bien, en primer lugar, hay que tener en cuenta que las universidades públicas de Cataluña están repartidas por el territorio y, por lo tanto, no todos los estudiantes disfrutamos del lujo de tenerlas cerca de casa. De hecho, en cuanto a la mayoría de los estudiantes, es muy bien en el contrario, puesto que de media tardamos entre una y dos horas al llegar a la universidad. Por no hablar de la cuestionable funcionalidad del transporte público, el cual tampoco nos ayuda en la hora de optimizar el tiempo para poder llegar tanto a la universidad como el trabajo de forma efectiva. A pesar de que los centros educativos digan que entienden y tienen en cuenta el factor “RENFE”, para ponerle un nombre, os puedo asegurar que esta no es la realidad. Nuestro día a día se basa a llegar tarde a clase después de haber salido deprisa del trabajo o bien al contrario, y además tener que sentir el comentario del profesor o profesora de turno que se queja porque siempre llegamos tarde. Mientras tanto, nosotros, estamos intentando recuperar el aliento porque hemos salido deprisa del trabajo, hemos comido en el tren como hemos podido y hemos hecho lo posible para llegar temprano a clase, sin poder actuar cuando el tren se ha quedado parado entre dos estaciones y nos hemos tenido que quedar mirando el reloj, mientras los minutos iban corriendo.

Esto me hace pensar: ¿Cuál puede ser la solución ante este primer factor del problema? Muchos estudiantes optan por ir con un transporte privado a las universidades o bien vivir en un piso de estudiantes, cosa que implica, en muchos casos, tener que trabajar para poderlo mantener. Por lo tanto, podríamos decir que es la primera prueba que demuestra que la conciliación laboral y estudiantil es como un pescado que es muerde la cola y difícilmente puede dejar de hacerlo.

En segundo lugar, y como segundo factor del problema, creo que es importante destacar los horarios lectivos que tienen las universidades. Generalmente, parece que hay dos turnos de clase la de la mañana y el de las tardes, con lo cual parece que es una facilidad para todos estos alumnos que queremos trabajar. Podemos estudiar por la mañana y trabajar por la tarde, o al contrario. Excepto cuando escoges una asignatura optativa que solo se cursa por las tardes. Es en este momento en que nos tenemos que plantear si dejamos el trabajo o dejamos de estudiar lo que nos gusta. ¿Qué opción os parece más factible? O menos desastrosa, mejor dicho.

Sí que es cierto que muchas universidades ofrecen la llamada evaluación única. Con este modelo evaluativo puedes estudiar la asignatura por tu propia cuenta en casa y presentarte a una prueba evaluativa única, como bien dice el nombre de la modalidad, para poder superar la asignatura. Obviamente, no tienes ningún tipo de ayuda tutorizada, puesto que, es a lo que primero renuncias cuando decides optar por este modelo. Sinceramente, a mí esta tampoco me parece una solución óptima.

En cuanto al tercer factor, están las horas que tenemos que destinar en casa para hacer trabajos, presentaciones, estudiar para exámenes… Que si lo enlazamos con los factores mencionados anteriormente nos encontramos con un horario estudiantil lectivo de 8.30 hasta las 14.30. Teniendo en cuenta que tenemos que coger el tren, llegar al trabajo y empezar a trabajar a las 16.30 hasta las 21.30 aproximadamente. Pero pensáis que si a las 22.00 llegamos a casa después de una dura jornada tanto estudiantil como laboral, y todavía tenemos que destinar unas 2 horas más si tenemos suerte a hacer trabajos, acabar entregas, poner en práctica las lecciones… ¿A qué hora representa que tenemos que ir a dormir para el día siguiente levantarnos a las 6 de la mañana, o antes, y volver a empezar nuestra rutina? Yo os tengo que confesar que no soy estudiante de medicina, pero no creo que ningún médico esté de acuerdo que este horario sea muy sano.

Finalmente, y para acabar este análisis de la realidad del día a día de los estudiantes, me gustaría destacar los magníficos periodos de prácticas. No me malinterpretéis, soy la primera que considera que las prácticas son una parte fundamental de nuestros procesos educativos, pero ¿Qué pasa cuando hacemos prácticas? En mi caso, soy estudiante de educación, y durante los periodos de prácticas me encuentro que tengo que estar en la escuela de 9.00 a 16.30. Sí que es cierto que a mediodía puedo ir a casa a comer, pero ¿Cómo lo hago para compaginarlo con el trabajo si también empiezo a trabajar a las 16.30? Pues bien, mi primera opción fue hablar con la facultad para intentar ir a prácticas solo por las mañanas y alargar la estancia. Tal como es mi jornada estudiantil. Por sorpresa de todos no me lo concedieron. A día de hoy y ya llegado mi paso del ecuador de la carrera, todavía intento averiguar la fórmula mágica que necesito para dividirme en dos y poder estar en los dos lugares a la hora.

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