Adolescentes y salud mental

Por Maite Marín, directora del Área Social de FANOC

Estamos a las puertas de cumplir 5 años del fin del confinamiento por la COVID y desde entonces estamos arrastrando secuelas tanto de salud física como de salud mental.

En el caso de los adolescentes no es diferente y si aparte le sumamos el estrés académico, la presión social y el uso de redes sociales, nos encontramos con un aumento significativo, en los últimos años, de casos de depresión, de trastornos mentales y de trastornos de la alimentación entre nuestros jóvenes.

¡¡¡Y si!!!, la depresión es una realidad entre los adolescentes, y los síntomas pueden variar desde tristeza persistente, cambios de humor, falta de interés en actividades que antes disfrutaban, dificultades para concentrarse e incluso cambios en el apetito, entre otros.

Los padres y las madres de estos chicos a menudo se encuentran en una lucha constante, no solo por el bienestar de sus hijos, sino también contra la incomprensión y el estigma social. Cuántos de estos padres han escuchado comentarios tales como “no es para tanto”, «No tienen motivos para estar así», «los niños de hoy son demasiado blandos», “solo necesita un poco de disciplina»… Estas afirmaciones no solo desestiman la seriedad del trastorno, sino que también añaden una carga emocional adicional a los padres, quienes ya se sienten vulnerables y preocupados con la situación que están viviendo.

Ser padre o madre se podría considerar una de las mejores experiencias de la vida, pero se ha de reconocer que este viaje está lleno de desafíos, y ya no me refiero a las posibles disputas que puedas tener con tus hijos/as por salir, la ropa que lleven o sus posibles pataletas, me refiero a que cuando ves a tu hijo/a mal, sufriendo o enfermo es desgarrador.  Te hace sentir impotente, con ganas de ayudar, pero en muchos casos sin saber cómo hacerlo.

El Bachillerato es un periodo complicado, ya sea por la carga de trabajo, por las expectativas puestas, por la presión de obtener buenos resultados o por la incertidumbre de qué hacer en el futuro. Y en algunas ocasiones, hemos de sumarle que nos encontramos con profesores que no ayudan:  Infravaloran el trabajo personal, dudan de las capacidades del alumno, ….

Hemos de tomar consciencia entre todos de esta problemática. Se han de fomentar hábitos saludables (ejercicio, sueño, pantallas, …), se ha de ampliar la formación del profesorado en relación con la salud mental y darle herramientas de uso tanto de detección como de atención. Y sobre todo no tener miedo a pedir ayuda.

Si crees estar viviendo esta situación te recomendamos acudir al médico de cabecera que te podría ofrecer orientación y derivarte a un especialista en salud mental o contactar con los servicios de salud mental de tu localidad, donde hay equipos de profesionales que pueden ofrecer apoyo.

Para más información puedes llamar al 061 o contactar con Salut respon

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