Mama, ¡Eres muy pesada!

Por Maite Marín, directora del Área Social de FANOC

¿Cuántas veces nos hemos tenido que oír: mamá qué pesada eres?

Yo no sé qué pensarán el resto de madres y padres, pero en mi caso cuando veo que algo no cuadra o no me gusta se lo comento a mis hijos. Pienso que no sería una madre sino le dijera por ejemplo que tienen la habitación desordenada que se laven los dientes o que cojan una chaqueta en el caso de que haga frío.

Los hijos poco a poco han de ir adquiriendo autonomía y criterio para sus propias obligaciones y deberes, pero eso no significa que a veces este proceso puede costar un poco y hay niños más despistados o pasotas que otros. Y aquí es donde aparece la figura de la madre o del padre para recordarles todo aquello que se les pueda ir escapando, recibiendo a cambio comentarios tan bonitos como mamá qué pesada eres.

Llega un momento que cuando oyes comentarios como estos son casi como piropos porque sabes que a la larga todos tus recordatorios darán sus frutos.

Cuantas de nosotras nos pasamos el día pidiendo que ayuden a poner la mesa, el lavaplatos, el orden… y después te viene la madre de cualquier compañero/a y te dice… que fantástica/o es tu niña/o como ayuda en casa cada vez que viene. Ahí es cuando tus ojos se quedan como los de un Anime de Manga emocionado por un lado (en plan… ohhh por fin me ha hecho caso), y de sorpresa por el otro (en plan… ¿En serio estás hablando de mi hijo? ¿Por qué lo hace en las casas ajenas y no en su propia casa?

Yo creo que los hijos tienen la habilidad de pensar que todo aquello que les decimos es para fastidiarles y no tenemos nada más que hacer durante todo el día que hacerles estos recordatorios. Pero todo tiene un porqué:

Por ejemplo, una habitación ordenada ayuda al equilibrio personal, a concentrarse mejor y te hace sentir bien, al contrario, una habitación desordenada fomenta al caos y no facilita un ambiente sano de trabajo.

 Poner su granito de arena en casa es una pequeña parte. Además, cuanto más se comparten estas tareas luego los padres tienen más tiempo para compartir con sus hijos.

Esta situación también nos las encontramos relacionadas con la escuela o las actividades extraescolares. Cuántos niños y niñas qué hacen algún tipo de deporte el fin de semana y cuando llega el partido, la exhibición o el torneo se han dejado de poner en la mochila: o el pantalón o las medias o la camiseta y van y dicen que la culpa es de los padres pues no lo han puesto allí.  pero a ver… ¿quién juega? Una cosa es que los padres les puedan ayudar en el proceso, pero los que saben perfectamente lo que necesitan para cada evento deportivo son los propios jugadores. Y ya no hablemos de cuántos niños se han dejado en casa o los deberes o el desayuno. En fin…

Quizá lo más fácil sería encargarse de todo pero creo que el mito de la Supermamá ya se desmintió hace tiempo. Tenemos unos hijos maravillosos lo único que han de ir aprendiendo con el tiempo. No se puede salir de casa con los dientes sucios o que se ha de coger un paraguas cuando llueve, … Cuanto antes asuman todas estas cosas, al igual que sus responsabilidades, antes se sentirán más autónomos y con más capacidad para realizar muchas más cosas por ellos mismos. Así que invito a todas las mamás y evidentemente a todos los papás a ser unos fantásticos pesados.

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