Morder objetos, abrirlos o sostenerlos con los dientes puede afectar a nuestra salud bucodental. Mucha gente se muerde las uñas, los labios o la parte interna de los carrillos; también es habitual morder el capuchón de los bolígrafos y masticar hielo. Son válvulas de escape inconscientes; el problema es que destruyen los bordes de los dientes incisivos y generan microtraumatismos constantes en las encías y mucosas.
Aunque el esmalte dental es el tejido más duro del cuerpo humano, está diseñado para triturar alimentos, no para soportar el impacto de materiales sintéticos, plásticos o metales, cuyas consecuencias pueden ser graves, costosas e irreversibles.
Hay que tener en cuenta, además, los traumas periodontales, que desencadenan inflamación agudizada con dolor y, si el hábito continúa, reabsorción del hueso y movilidad dental. También las articulaciones sufren los efectos de estas manías, pues el sobreesfuerzo crónico tensa los músculos masticatorios y desgasta la articulación temporomandibular, lo que produce chasquidos al abrir la boca, dolores de cabeza y bloqueos mandibulares.
¿Por qué aun conociendo sus consecuencias negativas, nos cuesta tanto renunciar a estos hábitos? El cerebro busca formas de gestionar el exceso de energía. Cuando estamos estresados, ansiosos, aburridos o hiperconcentrados, mordernos funciona como una válvula de escape. Ahora bien, la sensación momentánea de satisfacción puede desembocar en heridas que requieran tratamiento y en impulsos que escapen a nuestro control.
La manía relacionada con la boca más extendida es el rechinar o apretar los dientes. Cuatro de cada diez personas lo hacen mientras duermen, como consecuencia del estrés. Esto convierte al bruxismo en uno de los principales motivos de consulta odontológica. Su diagnóstico es una prioridad en la primera visita, pues planificar implantes, ortodoncias o rehabilitaciones estéticas sin controlar primero esta práctica aumenta el riesgo de fracaso del tratamiento.
Desarrollar hábitos preventivos es la fórmula más efectiva contra estas manías, como la regla de «labios juntos, dientes separados», para acostumbrarnos a mantener los labios sellados suavemente, los mordedores de silicona médica, los chicles sin azúcar, los esmaltes de uñas amargos (para evitar la onicofagia) o la desconexión tecnológica antes de acostarnos para prevenir el bruxismo.
Dra. Arletty Rey, directora médica de la clínica IO Pamplona y odontóloga general en las clínicas IO Pamplona e IO Bilbao.
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